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“La Cruz del Sur”, Dulce Afonso (UTM)

Hacía un par de años que no veía esta constelación, que nos señala el camino hacia la Antártida…

Las doce de la noche. La hora de las brujas. Salgo al combés a disfrutar un poco de la noche, antes de irme a dormir. Por el costado de estribor, se divisa la costa de Uruguay. Estamos entrando en la desembocadura del Río de la Plata. El aire frío huele ya diferente.

Las aguas tranquilas, que ayer eran de color azul profundo y hoy verdosas, ahora están teñidas de la plata de la Luna, que nos alumbra por popa.

luzdeluna

Luz de luna.

Las horas a bordo del Hespérides están llenas de momentos en compañía, visitas a la guardia de máquinas, a la del puente, y a veces al centro de cálculo. Tertulias de sofá, en los pasillos y el comedor. Todos interesantes, todos constructivos…

Pero las soledades abordo también son mágicas. Disponiéndome a disfrutar de un poco de esa magia, me deslizo como un fantasma por las sombras de la toldilla. Aparte de los sonidos de siempre, de los generadores y la propulsión, escucho sonidos nuevos, como quejidos… Realmente inquietantes… Aunque aún no he preguntado a los sabios del lugar, creo que lo producen los tanques hambrientos de combustible, después de 5300 millas de travesía a buena velocidad…  Me creo tanto el cuento, que doy un respingo cuando la brisa mueve la lona que cubre la roseta del CTD.

Aunque la luna brilla con fuerza, las estrellas están ahí. El cinturón de Orión, por popa. Me meto entre dos container, y al llegar a la banda de babor, no me hace falta buscarla, porque está a primer golpe de vista. La Cruz del Sur. Pegadita a ella, está la falsa Cruz del Sur, pero no logra confundirme. Ya soy perro viejo.

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La Cruz del Sur.

Hacía un par de años que no veía esta constelación, que nos señala el camino hacia la Antártida. Me alegro de reencontrarla sobre este mar en calma, junto a millones de estrellas más.

Busco un lugar cómodo, y disfruto del conjunto. El aire frío que me trae el aroma de la tierra, el mar en calma, la luz y las sombras. Las estrellas. La paz… Me gustaría poder guardar este momento en una cajita, para abrirla y revivir todo esto en unas semanas, cuando esté en casa, sin brisa limpia, sin olas, sin mar… Poder enseñárselo a la familia… Pero es imposible.

Lo podemos repetir aún, durante unas ocho noches más antes de llegar a Punta Arenas. Ya si eso, mañana.

Me vuelvo al centro de cálculo. Me pongo música y escribo (POR FIN) el blog para Pablo. Me dijiste que podía escribir sobre lo que quisiera. Ahora a dormir.

Dulce Afonso Rodríguez, Unidad de Tecnología Marina (CSIC).

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