Jiménez de la Espada: de Cartagena al Amazonas

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.

Cicerón (106 AC-43 AC). Escritor, orador y político romano.

El medio en el cual desarrollamos nuestra vida, nos embriaga e influye en nuestra constitución como personas, comenzando dicha influencia desde que somos pequeños. En ese ambiente que nos envuelve, la historia juega un papel fundamental. Los nacidos y crecidos en Cartagena, hemos tenido la suerte de pisar el mismo suelo sobre el que han desfilado figuras, tal vez no muy conocidas, pero cruciales para la concepción actual del mundo y del conocimiento: exploradores, científicos, inventores, etc. Y la mayoría de estos personajes destacables tienen un medio en común, con un papel imprescindible en sus vidas: el Mar.

Puerto de Cartagena desde el BIO Hespérides. Foto: Pablo Rodríguez Ros.

Puerto de Cartagena desde el BIO Hespérides. Foto: Pablo Rodríguez Ros.

En esta ciudad del sureste ibérico, encontramos un incesante recuerdo de sus hazañas pasadas y su vínculo con el mar, con solo observar los nombres de las calles, montes, etc.

La historia rezuma por doquier y, muchas veces, los que hemos vivido allí no nos damos ni cuenta. Sirva de ejemplo mi caso. Fui a dos colegios públicos: el “CEIP Mare Nostrum” (literalmente Nuestro Mar, en la Roma antigua) y el “CEIP Virgen del Carmen” (la patrona del mar). Posteriormente, fui a otros dos institutos, también públicos: el “IES Isaac Peral” (en honor al cartagenero, científico, marino y militar, inventor del primer submarino torpedero) y el “IES Jiménez de la Espada” (que toma el nombre del zoólogo, explorador y escritor cartagenero). De este último personaje histórico es de quien os quiero hablar.

Marcos Jiménez de la Espada, nació en Cartagena en 1831 y falleció en Madrid en 1898. Pero en ese espacio temporal, que fue una vida de 68 años, vivió una ingente cantidad experiencias mientras ponía ladrillos en la historia del conocimiento de la naturaleza por parte del ser humano. Para ello, primero se licenció en Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid, focalizando sus posteriores investigaciones en el estudio y taxonomía de los anfibios; de suma importancia en sus posteriores expediciones por el mundo.

Marcos Jiménez de la Espada. Fuente: http://www.pacifico.csic.es/uym3/default.htm.

Marcos Jiménez de la Espada. Fuente: CSIC.

A mediados del siglo XIX nos encontrábamos todavía en un período en el que las exploraciones, para la captación de recursos naturales, y el establecimiento de colonias, todavía se sucedían sin cesar desde los países que llevaban varias décadas “industrializándose”. Por ejemplo, tengamos en cuenta que la Antártida no se descubrió hasta 1820-1821. Una hazaña que aún se la disputan entre un mercader británico, un explorador y científico ruso, y un cazador de focas estadounidense.

Por aquel entonces, la Reina Isabel II de España quería reforzar los asentamientos militares de la corona Española en América. Para ello creó la “Comisión Científica del Pacífico”. Un grupo de profesionales de la ciencia, la geografía y la historia, entre otras disciplinas, que iría a América a explorar los recursos naturales de esas zonas en aras del incrementar el conocimiento de la humanidad. Dicha tarea la realizarían con la ayuda de marinos del ejército español que se encargarían de transportarlos, mientras imponían en las zonas por las que pasaban la política colonial del gobierno de la época.

Para la Comisión Científica del Pacífico”, tras un arduo proceso de selección, fueron escogidos ocho expedicionarios: Patricio María Paz y Membiela, Fernando Amor, Francisco de Paula Martínez y Sáez, Marcos Jiménez de la Espada, Manuel Almagro, Juan Isern, Rafael Castro y Ordóñez, y Bartolomé Puig y Galup. En total eran seis profesores vinculados al Museo de Ciencias Naturales de Madrid (tres zoólogos, un geólogo, un botánico y un antropólogo), entre los que se encontraba Jiménez de la Espada, y dos ayudantes: un taxidermista y un dibujante-fotógrafo.

Comisión Científica del Pacífico (Jiménez de la Espada, sentado en el suelo).

Comisión Científica del Pacífico (Jiménez de la Espada, sentado en el suelo). Fuente: CSIC.

Estos ocho expedicionarios embarcaron a bordo de las fragatasNuestra Señora del Triunfo” y “Resolución“, y la goleta “Covadonga” rumbo a América, zarpando del puerto de Cádiz en el 10 de agosto de 1862.

Aduana del Puerto de Cádiz, previa partida hacia América. Fuente: http://www.pacifico.csic.es/uym3/xml.htm

Aduana del Puerto de Cádiz, previa partida hacia América. Fuente: CSIC.

Fue la aventura científica más importante emprendida por un gobierno español hacia tierras sudamericanas, durante el siglo XIX, y la primera en la historia que fue fotografiada. Por ello, hay muchísimo material para mostrar gracias a Rafael Castro y Ordóñez, fotógrafo de la expedición.

A su llegada a América, en primer lugar centraron sus actividades en Brasil, el Río de la Plata y Chile (1862-1863). El siguiente objetivo era llegar a la ciudad Chilena de Valparaíso, para el que se separaron: unos irían por tierra y otros por mar. De esta manera, Paz, Amor, Isern y Almagro optaron por la vía terrestre, cruzando las pampas argentinas y atravesando los Andes. Por otro lado, Jiménez de la Espada atravesó el difícil estrecho de Magallanes en la goleta Covadonga; sus colegas Martínez, Puig y el fotógrafo Castro hicieron la travesía por el Cabo de Hornos tras repostar en Puerto Stanley, en las Islas Malvinas.

Fragata Resolución. Fuente: http://www.pacifico.csic.es/uym3/xml.htm.

Fragata Resolución. Fuente: CSIC.

Hago aquí un inciso. Me gustaría reseñar que he tenido la suerte de navegar tanto por Magallanes como por Cabo de Hornos, como podréis ver a continuación, en un buque moderno (BIO Hespérides) y no quiero ni imaginarme cómo sería hacerlo en una Goleta o una Fragata de la época.

Con 60 nudos de viento, cerca del Cabo de Hornos, pese a llevar los guantes y la ropa adecuada, hacia un frío insoportable y no podías mantenerte en pie sin agarrarte. Podéis ver a continuación cómo fue la navegación, a bordo del BIO Hespérides, a través del Cabo de Hornos.

Navegando por Cabo de Hornos a bordo del BIO Hespérides. Foto: Pablo Rodríguez Ros.

Navegando por Cabo de Hornos a bordo del BIO Hespérides. Foto: Pablo Rodríguez Ros.

¿Dónde habíamos dejado a nuestros exploradores?…

Una vez se reencontraron los ocho expedicionarios en Valparaíso (Chile), pretendían continuar su exploración con la intención de llegar hasta el Océano Atlántico, es decir: cruzar América de oeste a este por el mismísimo corazón de la selva amazónica. ¡Y vaya si lo consiguieron! Pero no todos ellos…

Expediciones Comisión Científica del Pacífico. Fuente: CSIC.

Expediciones Comisión Científica del Pacífico. Fuente: CSIC.

Evidentemente, no fue un camino de rosas y se encontraron numerosas adversidades, principalmente motivadas porque su medio de transporte eran los buques de guerra. Además, al mismo tiempo estalló un conflicto entre España y Chile. Por ello, sólo cuatro de los expedicionarios (los zoólogos Martínez y Jiménez de la Espada, el antropólogo Almagro y el botánico Isern), se dispusieron a realizar el autodenominado “Gran Viaje“.

El nombre se queda corto, muy corto. Primero cruzaron el continente americano desde Guayaquil a Belém. En ese trayecto, pudieron visitar y dibujar el volcán Izalco (El Salvador) en donde Jiménez de la Espada se perdió durante tres días, para finalmente ser rescatado por sus compañeros; hasta cruzar la cordillera Andina. En la segunda etapa, se dirigieron hacia el amazonas siguiendo el curso del Río Napo, para finalmente llegar al ansiado Océano Atlántico.

Expediciones Comisión Científica del Pacífico. Fuente: http://www.pacifico.csic.es/uym3/default.htm.

Expediciones Comisión Científica del Pacífico. Fuente: CSIC.

Durante toda la expedición científica, que al final duró cuatro años (1862 y 1866), no sólo buscaban muestras zoológicas y botánicas, sino también geológicas. También hicieron importantes hallazgos arqueológicos y estudiaron tribus sudamericanas aún desconocidas por la antropología.

Respecto a nuestro hombre, Marcos Jiménez de la Espada, su contribución a la zoología fue admirable, tal y se destaca en el archivo de dicha expedición en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC):

Espada destacó, sobre todo a su regreso a España, como estudioso de la fauna sudamericana. Dio a conocer nuevas especies de mamíferos del área del alto Amazonas, e hizo un extenso estudio sobre los 786 ejemplares de anfibios que recolectaron los comisionados. Su principal obra, publicada en 1875, Vertebrados del viaje al Pacífico. Batracios recibió los plácemes de sus coetáneos. Considerada un clásico de la literatura zoológica, ha merecido una reciente reedición —en 1978— auspiciada por la Society for the Study of Amphibians and Reptiles. En ella hizo la redescripción de 18 géneros y 24 especies previamente conocidos, y describió 2 géneros, 12 especies y 3 subespecies nuevos, a lo que añadió interesantes observaciones sobre la biología de las especies.

También hizo numerosas contribuciones a la geografía, historia y antropología, las cuales pueden consultarse aquí.

Como decía al inicio del ‘post’, el ambiente que nos rodea y la historia sobre la cual se construye, deberían ser los pilares fundamentales que enmarquen nuestro desarrollo como personas o, al menos, influenciarnos en cierto grado. Gracias a recordar quiénes fuimos, la historia es capaz de convertirnos en quiénes somos ahora. Dejarnos embriagar por la historia del entorno más cercano es algo que deberíamos hacer a menudo.

En Cartagena, podemos estar orgullosos de nuestra historia y deberíamos ser más participes de ella y, sobretodo, continuarla. Existen historias sorprendentes como la de Juan Fernández (1528-1599), que descubrió Nueva Zelanda, (¡descubrió sus propias antípodas!), o la de Carmen Conde (1907-1996), escritora y primera mujer en la RAE.

Nuestras acciones y las de quiénes estuvieron antes que nosotros configuran la historia, dotándola de un carácter recíproco. Por tanto, la historia es compartida y se encuentra en un incesante proceso de creación a nuestro alrededor. Si nos fijamos un poco y estamos dispuestos a observar, nos daremos cuenta de que en las paredes de algunos lugares aún se aprecian las sombras de las personas que por allí pasaron. Y esperemos que sigan pasando.

Pablo Rodríguez Ros

Bibliografía:

http://www.pacifico.csic.es/uym3/xml.htm

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=jimenez-de-la-espada-marcos

http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000060007&page=1

https://es.wikipedia.org/wiki/Marcos_Jim%C3%A9nez_de_la_Espada

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3 Respuestas a “Jiménez de la Espada: de Cartagena al Amazonas

  1. Un artículo excelente. Pablo, no te puedes ni imaginar lo orgulloso que estoy, estamos, de tí, tanto como profesor de Historia y como amigo. No hay mejor recompensa para un profesor que ver cómo sus alumnos aprenden aquello que uno considera esencial (“gracias a recordar quiénes fuimos, la historia es capaz de convertirnos en quiénes somos ahora”), y, sobre todo, como avanzan en la vida haciéndose grandes profesionales y grandes personas. Nos haces felices, y respirar tranquilos sabiendo que la educación tiene futuro. En las paredes de de este instituto (el Jiménez de la Espada, pero también el otro que compartimos, el Isaac Peral) aún se aprecia la sombra de tus pasos, engrandeciendo sus aulas. Eres un ejemplo, y me hace tremendamente feliz ser testigo de ello. Álvaro

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  2. Estupenda exposición. Del mismo que un guerrillero, como bien reza por ahí, no da su vida para que cuelguen su póster en una pared, un científico quiere que sus trabajos se divulguen, se popularicen. Aquí en esta Cartagena procesonaria, se sabe con urgencia de vida quienes son “calis” y quienes “marra”, pero nada, poco más que el nombre, se conoce acerca de Marcos Jiménez de la Espada. Cordiales saludos. Palmis

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