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Crisis energética en nuestro modelo de consumo

Los retos ambientales son de tal envergadura que ponen en entredicho la supervivencia de la especie humana.

James Lovelock, científico.

La actual situación de crisis acusa los límites del crecimiento, que responden a una crisis económica-monetaria y energética. Para dar respuesta a tal situación, el escenario demanda un cambio en el modelo de desarrollo de las sociedades, con nuevos modelos de producción y consumo. Un desarrollo sostenible que no supere la capacidad de carga del ecosistema (huella ecológica), en el que el individuo esté en el centro, teniendo en cuenta aspectos medioambientales básicos, a causa de su inmediatez y magnitud.

El entomólogo, biólogo y experto en demografía Paul R. Erhlich, en la segunda mitad del siglo XX, sostenía ya una preocupación por el incremento de la población y los recursos consumidos por cada individuo. Advertía de que la tasa de crecimiento de la población estaba sobrepasando el crecimiento agrícola y la capacidad de renovación de los recursos de la tierra; lo que supone un riesgo ambiental.

Los investigadores Rafael Grasa y Ignacy Sachs en su artículo: «Ecodesarrollo y gobernabilidad: sugerencias para la aplicación de nuevas estrategias de desarrollo»; resumen la percepción del riesgo ambiental, en los rasgos característicos siguientes: los recursos de la biosfera son limitados, los problemas medioambientales no conocen fronteras estatales, los problemas de los países desarrollados difieren de los propios en los países en vías de desarrollo, estableciéndose a su vez una clara vinculación entre seguridad y medio ambiente.

Situando los recursos de la biosfera en el centro del debate, Tewolde Berhan G. Egziabher, profesor de la universidad Addis Ababa de Etiopía, diferencia dos tipos de pueblos que coexisten en el mundo. Los pueblos ecosistema, que viven de los recursos de su entorno. Y los pueblos biosfera, que necesitan los recursos de todo el planeta para poder desarrollarse. Al acaparar los pueblos biosfera cada vez más recursos, los pueblos ecosistema cada vez disponen de menos recursos en su entorno. Situados en los ejes Norte-Sur, la desigualdad se perpetua con el devenir de la crisis ambiental.

Rafael Grasa y Ignacy Sachs, señalan que “esta desigualdad, en términos generales, coexiste con una fragmentación y diversificación constante en el sur. Para decirlo gráficamente, un habitante de Estados Unidos consume tanta energía como siete mejicanos o como 55 indios, o bien 168 tanzanos o 900 nepalíes”.

El modelo de producción y consumo

Siguiendo la línea de los pueblos biosfera, el proyecto de investigación global EJOLT (Environmental Justice Organizations, Liabilities and Trade), describe este modelo de producción y consumo: “En un mundo globalizado en el que la distancia recorrida por los productos ha aumentado en gran medida, donde los recursos son cada vez más escasos y el consumo excesivo está conduciendo a la competencia, esto conlleva a una mezcla explosiva de la ignorancia y la injusticia”. Lo cual es significativo cuando el consumo en un lugar crea algún tipo de deuda ecológica en otro.

Asociado a este fenómeno surge otro: la ceguera del consumidor, que “aparece cuando la gente deja de considerar (deliberadamente o no) las circunstancias en que los productos que consumen llegan a sus tiendas, o donde terminan los desechos de este consumo, y qué consecuencias tiene esto”.

El objetivo de EJOLT, frente a esta problemática, es “elaborar recomendaciones sobre la política europea y directivas con implicaciones para el consumo, para los combustibles fósiles de comercio, para la minería y para las transferencias de biomasa de sur a norte”.

Los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) de los que proviene la energía que ha soportado este modelo de crecimiento, son los principales causantes de las emisiones de CO2.

Fossil Fuels.

La quema de combustibles fósiles es responsable de emisión de más de 32 mil millones de toneladas de CO2 al año. Fuente: © Istockphoto / aclio.

Las consecuencias del aumento de las temperaturas por la concentración atmosférica de los gases de efecto invernadero, entre los que se encuentra el CO2, son ya bien conocidas: aumento del deshielo permafrost (inundaciones, migraciones), aumento del nivel del mar, las corrientes oceánicas, el incremento de los desastres naturales (fenómenos atmosféricos más frecuentes y más fuertes), el aumento de las enfermedades tropicales, la pérdida de biodiversidad (de especies y ecosistemas), la disminución de la producción agrícola y el aumento de los cambios en los regímenes hídricos (sequías).

¿Cómo podríamos replantear la situación?

Al analizar en clave ambiental las políticas de competitividad económica y cohesión social, podemos ser capaces de replantear nuestro modelo de consumo dependiente de los combustibles fósiles. Un buen número de problemas medioambientales  exigen una respuesta urgente, coordinada y eficaz. En las últimas negociaciones sobre el clima, se estableció no sobrepasar un aumento de 2 grados de la temperatura; así como reducir en un 40% las emisiones.

Antes de la cumbre climática COP21 en París, la Agencia Internacional de Energía (AIE) en la edición 2015 de su buque insignia World Energy Outlook  (WEO-2015), ve señales claras de que la transición energética está en marcha, pero advierte de la fuerte dirección que se necesita de la cumbre del clima de París.

WEO_2015

World Energy Outlook (WEO-2015).

Las energías renovables

El informe pone el acento en la caída de los precios del petróleo que han puesto en marcha las fuerzas que conducen el mercado para reequilibrarlo, a través de una mayor demanda y menor crecimiento de la oferta. Aunque, los precios más bajos por sí solos no tienen un gran impacto en el despliegue de las energías renovables. “Sólo pueden tenerlo si los políticos permanecen firmes en la prestación de las reglas del mercado, las políticas y los subsidios necesarios“.

Desde la AIE advierten de que “los precios en los niveles actuales empujan fuentes de mayor coste de suministro, y tal escenario depende en gran medida de los productores de más bajo coste del mundo: la dependencia de las exportaciones de petróleo de Oriente Medio aumenta a un nivel visto por última vez en la década de 1970″. Tal concentración de la oferta mundial iría acompañada de preocupaciones elevadas por la seguridad energética.

En general, “la demanda mundial de energía crecerá cerca de un tercio entre 2013 y 2040” en el escenario central del WEO-2015, “con el crecimiento neto impulsado en su totalidad por los países en desarrollo

En 2014, “las energías renovables aportaron casi la mitad de la nueva capacidad de generación de energía del mundo y ya se han convertido en la segunda mayor fuente de electricidad (después de carbón)”. El resultado neto de los cambios observados en el WEO-2015 es que “el crecimiento de las emisiones relacionadas con la energía disminuye drásticamente, pero la trayectoria de las emisiones implica un aumento de la temperatura a largo plazo de 2,7 ° C para el año 2100. Una importante corrección del curso sigue siendo necesaria para lograr el objetivo climático acordado en el mundo”.

Llúcia Ribot Lacosta

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