Descubriendo Sudámerica: la experiencia Argentina

El pasado 9 de noviembre comencé un nuevo viaje a Sudamérica, esta vez a Argentina. Al principio uno imagina que ya poco puede sorprenderte en un viaje como éste, después de haber estado ya por tierras argentinas, aunque sobretodo uruguayas. Pero como tantas veces, uno suele estar equivocado. Me gusta poner el ejemplo de cuando ves una película que te apasiona, y cómo, conforme la ves más veces, descubres nuevos detalles que las veces anteriores fueron imperceptibles.

Para mí, Sudamérica se ha convertido en una película que me apasiona, tanto por la forma como por el contenido, y que cada vez que tengo el placer de disfrutar, me desvela nuevos secretos y nuevas sensaciones.

En esta ocasión, el viaje se produce enmarcado dentro del Proyecto RECOMPRA, financiado por la Unión Europea. Un proyecto dentro del cual se encuentran planificados una serie de intercambios de personal investigador entre grupos de investigación suscritos a dicho proyecto. En mi caso, pude disfrutar de un mes y medio trabajando en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), ubicado en Puerto Madryn (Chubut, Argentina). Este centro pertenece al CONICET, institución análoga al CSIC en España.

Cuando pienso en los viajes que he tenido la oportunidad de realizar al extranjero, me encanta recordar esas sensaciones encontradas al inicio, generadas ante la incertidumbre de lo desconocido. Esto ocurre, sobretodo, cuando uno tiene la oportunidad de viajar solo y no como un turista, algo que en muchas ocasiones no es posible. A la vez que sientes curiosidad por descubrir una nueva cultura, una manera diferente de funcionar de la sociedad, generas sin poder evitarlo cierta cautela o miedo frente a un entorno diferente, en el que crees no saber moverte, algo que con el tiempo se va disipando conforme te vas adaptando a ese nuevo estilo de vida.

Descubriendo Buenos Aires…

Tanto Buenos Aires como Puerto Madryn representan las dos caras de una misma moneda, la Argentina, de una sociedad compleja y diversa, pero sobretodo cercana y generosa. Buenos Aires representa la actividad, la masificación, el caos, el estrés, un estilo de vida que impregna a sus gentes y que, sin duda, las vuelve de un carácter totalmente diferente a las del resto del país. De ahí que se hable siempre de los “porteños” y el resto de argentinos en muchas ocasiones.

Buenos Aires (visto desde la carretera que lleva al centro de la capital).

Buenos Aires (visto desde la carretera que lleva al centro de la capital).

Si uno sale de lo más turístico, encuentra la verdadera realidad de esta ciudad, una ciudad con muchos residuos en algunas zonas, una ciudad en el que el mantenimiento de carreteras y en general de las infraestructuras públicas es bastante precario en ocasiones, y una ciudad en la que ves mucha gente con verdadera necesidad.

Sin embargo, a la vez descubres una ciudad en la que, sin duda alguna,  sus personas son la mejor parte. Pese al estrés al que te somete esta ciudad, me costó encontrarme con un mal gesto o una mala respuesta, sino más bien todo lo contrario, las personas solían mostrarse curiosos y afables. Y, también pese a la pobreza palpable, me costaba ver gente pidiendo en la calle. Era curioso ver cómo siempre, de alguna manera, la gente encontraba la manera de buscarse la vida en el metro o las calles vendiendo esto o aquello.

En el otro “extremo” encontramos Puerto Madryn, que aún siendo una ciudad bastante turística, es una ciudad relativamente tranquila y con un ritmo de vida más apacible. En esta ciudad es donde pasé la mayor parte del tiempo, y donde pude disfrutar de las tres cosas que más me gustan de Argentina, su naturaleza, el mate y el asado.

Puerto_Madryn

Paseo marítimo (Puerto Madryn).

La naturaleza

En relación a la naturaleza, lo primero a remarcar cuando hablas de Sudamérica en general, y de Argentina en particular, es la relativa gran cantidad de espacios que todavía son prácticamente vírgenes, sin casi perturbación humana. Los sudamericanos gozan de algo que los europeos hemos perdido en gran medida, las grandes extensiones de terreno sin prácticamente vestigios de presencia humana.

Glaciar_Perito_Moreno

Glaciar Perito Moreno, Calafate. Fuente: Irene Rojo Moreno.

La relativa pequeña población de Argentina (unos 42 millones de habitantes), al menos si lo comparamos con su superficie (casi 6 veces la superficie de España), hace que éste sea un país donde, si te alejas de las zonas más turísticas, todavía puedas perderte con facilidad en la inmensidad de la naturaleza sin encontrarte a nadie. Sin embargo, la globalización y el crecimiento exponencial tanto de la población como de los recursos a nivel global, dificultan la preservación de algunos de estos espacios poco a poco.

Paisaje costero cerca de la población de Camarones, a unos 400 km al sur de Puerto Madryn.

Paisaje costero cerca de la población de Camarones, a unos 400 km al sur de Puerto Madryn. Foto: Jose M. Pereñíguez.

Puerto Madryn es uno de los principales destinos turísticos de Argentina por la imponente fauna marina que podemos encontrar cerca de éste, principalmente en la Península Valdés. Por un lado tenemos la concentración de ballenas (Eubalaena australis) en el periodo que va de invierno a verano (desde junio hasta diciembre aproximadamente), en el golfo en el que se encuentra situado Puerto Madryn (Golfo Nuevo).

Estas concentraciones han convertido Puerto Madryn en uno de los puntos de encuentro más famosos para el avistamiento de ballenas en todo el mundo, en el que además de poder observar a estos increíbles animales, puedes verlos realizando impresionantes piruetas, asociadas a comportamientos relacionados con la reproducción o limpieza de la piel.

La Península Valdés fue catalogada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, y en ella podemos encontrar numerosa fauna, principalmente marina, aunque también terrestre. En relación al ámbito terrestre, la Península Valdés es una superficie muy homogénea, sin casi elevaciones y con una vegetación arbustiva muy extendida, sin casi claros. Por tanto, la fauna a destacar está muy bien adaptada a este tipo de ambientes. Hablaríamos principalmente de maras (“liebres patagónicas”), guanacos, choiques (“avestruz patagónica”), armadillos, mofetas o zorros (varias especies).

En el ámbito marino puedes encontrar desde elefantes marinos, lobos marinos o pingüinos de Magallanes en la costa, hasta ballenas francas australes, toninas overas, orcas o delfines mulares a unos cientos de metros de la misma. Sin duda alguna, lo que sorprende de este lugar es la increíble diversidad de especies tan emblemáticas e impresionantes en una superficie tan pequeña.

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Lobos marinos en una de las calas de Península Valdés. Foto: Irene Rojo.

La cultura argentina

En relación al mate y el asado, todo extranjero debe saber que éstas son las dos principales cosas que te harán adaptarte bien a la cultura argentina, y también a la uruguaya. Esto se debe al marcado carácter social que tienen ambas cosas. En relación a la toma de mate, existe todo un mundo alrededor de la misma, desde el tipo de material a usar para el mate (calabaza, madera de algarrobo, vidrio, etc.) hasta el tipo de yerba a tomar (decenas de tipos). La gente lo toma en el trabajo, en casa, cuando sale a pasear, de excursión, etc.

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Diferentes recipientes para el mate.

Siempre existe la figura del “cebador”, que es el que se encarga de preparar el mate y darle al resto de la gente para que tome. Ojo, ser cebador no es ninguna tontería, ya que además de tener que estar pendiente del orden que estableciste en la primera ronda de mate, tienes que prepararlo de manera adecuada, algo no tan tribal como echar yerba y agua caliente en un recipiente.

El asado es la otra religión para los argentinos. El tipo de carne, la preparación, todo tiene su secreto. Creo que en el mes y medio que estuve en Argentina, comí más asados que barbacoas en dos o tres años en España, algo de locos. Lo de esta gente por la carne es pasión y probándola lo entiendo en cierta medida.

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Asado preparado en uno de los días de trabajo de campo con los compañeros del CENPAT. Foto: Jose M. Pereñíguez.

Para mí hay tres cosas que hacen tan buenos a los asados argentinos, por un lado la calidad de la carne (ganado criado en grandes extensiones de terreno, con una calidad de vida bastante buena). Por otro lado, el corte de la misma. Y, por último, la manera de cocinarla. Desde que colocan la carne en la parrilla hasta que queda en su punto puede pasar entorno a una hora y media o dos horas, mientras la carne va haciéndose muy lentamente.

Imagino que tanto por la logística (normalmente al aire libre) como por el tiempo necesario para la preparación de los asados, éstos suelen estar asociados a momentos de festejo o reunión. Además, los asados argentinos también tienen algo en común con las barbacoas españolas, los aperitivos. Los mismos suelen tener siempre un denominador común: la cerveza que acompaña de principio a fin. Quizás tanto el mate como el asado reflejan un poco cómo suele ser la sociedad argentina y uruguaya, una sociedad, valga la redundancia, sociable.

En definitiva, y después de los dos viajes que he podido realizar a Sudamérica, lo que más puedo destacar es la grata sensación que a uno se le queda tras su vuelva. Cuando vuelves a tu día a día te das cuenta de que allí no tenías muchas de las cosas de las que disfrutas en Europa, sin embargo, tampoco las necesitabas. Sin duda, aprendes a disfrutar de lo que te rodea, que en mi caso fue unas personas y una naturaleza excepcional.

José Manuel Pereñíguez López

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