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La vuelta a Islandia (I)

“Si quieres ver el alma humana en su lucha más noble contra la superstición y las tinieblas, lee la historia de los viajes al Ártico, la historia de aquellos hombres que, en los tiempos en que un invernaje en la noche polar parecía la muerte segura, partieron con banderas ondeantes en busca de lo desconocido.”

Fridtjof Wedel-Jarlsberg Nansen

Explorador del ártico, científico y diplomático noruego (1861-1930).

Vivimos en un planeta tremendamente diverso, formado por multitud de parajes en distintas localizaciones geográficas que por numerosos motivos nos impresionan. Por lo general, no es necesario coger un avión para apreciar la diversidad ambiental de la Tierra, ésta nos envuelve.

Así, en cualquier lugar cercano a nosotros podemos encontrar paisajes o ecosistemas que no nos dejan indiferentes. Sin embargo, a muchos lo que nos gusta es conocer también aquellos lugares dispersos por el planeta que poseen una idiosincrasia particular, digna de ser apreciada de cerca. Para mi, uno de esos lugares es, sin duda alguna, Islandia.

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Esta isla situada en mitad del Océano Atlántico, a camino entre las Islas Británicas (o la Península Escandinava) y Groenlandia, siempre me ha llamado mucho la atención. Por lo que, cuando conocí la iniciativa Polar Raid Universitario lo vi muy claro, tenía que ir. Para ello, convencí a mi amigo Joan Pascual Montañés, joven investigador predoctoral en paleoclimatología de lagos de los Andes argentinos en el Climate Dynamics and Landscape Evolution section at GFZ Potsdam (Berlín, Alemania) y gran apasionado de la naturaleza, la fotografía… y todo aquello que implique una observación más o menos activa.

La compañía no iba a ser un problema,  ya que al final éramos un pequeño tropel de alrededor de 20 personas que nos disponíamos a darle la vuelta al “país de hielo y fuego“. Así, nos dividimos en grupos para ir desplazándonos por la isla durante algo más de una semana practicando trekking, avistando fauna y, en general, empapándonos de su cultura y naturaleza insólita.

polar

Equipo Polar Raid Islandia 2016. Fuente: Polar Raid.

Partiendo de estas premisas para acercarnos a Islandia en las líneas que siguen, y a lo largo de dos posts (sí, no me cogía en uno solo al final), hablaré de los lugares más fascinantes, la fauna y flora más característica y los eventos culturales más curiosos acontecidos en esta isla del Atlántico Norte.

Hay que tener en cuenta que solo una parte de su zona más septentrional llega a situarse por encima de los 66°N, pero sin llegar a la Región Ártica (66.33°N). Afortunadamente, nosotros llegamos a los 66.05°N y podemos decir que vimos (y tocamos) un poco del Océano Ártico.

Þingvellir

Una de las características geográficas más conocidas de Islandia es que se encuentra justo encima de la dorsal Mesoatlántica, la cual ya mencionamos al navegar sobre ella cerca del Ecuador. El hecho estar situada sobre ella, le confiere una gran actividad volcánica y geológica, definiendo así sus característicos paisajes de coladas de lava, columnas de basalto o playas de arena negra. Dicho de otra manera, el país es geología viva en estado puro. Uno de los mejores lugares para observar la dorsal Mesoatlántica es Pingvellir, a unos 50 km de Reykjavik.

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Allí pudimos caminar justo por encima de la dorsal, es decir, a un lado puede considerarse que teníamos la placa Euroasiática y al otro lado la placa Norteamericana, un paraje fascinante.

En los alrededores, tras una ligera caminata nos encontramos con la preciosa cascada Öxarárfoss (sí, todos los nombres van a ser igual de “raros” a lo largo del post).

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Tuvimos la oportunidad también de avistar algunas especies de fauna como la oca común (Anser anser) y de flora como el algodón silvestre, en los alrededores de la zona.

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Incluso hay una zona cercana en la que poder bucear, ya que la visibilidad es increíble en los lagos colindantes. Y sí, también se pueden tocar ambos continentes buceando en las fallas de la dorsal.

Casi se me olvida mencionar que Pingvellir es famoso porque en su valle, alrededor del año 930, se fundó el Alþingi, una de las instituciones parlamentarias más antiguas del mundo. De hecho Thingvellir o Þingvellir se compone de “Þing” (asamblea) y “vellir” (explanada), en islandés. Un representante del Consulado de España en Islandia, nos explicó que era un parlamento, aunque no con la concepción actual que tenemos de los mismos, por lo general pacíficos; concretamente, en éste las “cuchilladas” no eran verbales, sino literales.

Snæfellsjökull

Ahora toca hablar un poco de Julio Verne. Resulta que este famoso escritor del siglo XIX se inspiró en un estratovolcán de Islandia llamado Snæfellsjökull para escribir su famosa novela “Viaje al centro de la Tierra“. Seguramente el propio Julio lo llamaría de otra manera más simple (“el volcancico ese”), y bien podría llamarse actualmente “Volcán Verne”, ya que la estancia del escritor es lo que le confiere su mayor atractivo turístico.

El papel que tenía dicho volcán en el libro era esencial, ya que era la misma entrada al centro de la Tierra. En lo alto del volcán, actualmente existe un glaciar con el mismo nombre que puede observarse cubierto de nieve todo el año, con relativa facilidad .

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Una de las mejores cosas que tiene Islandia es que mientras vas por sus parajes hay un sin fin de rutas y pequeños caminos (más o menos difíciles), que te llevan a observar cascadas, valles, coladas de lava, etc. algo recónditos, que la mayoría de visitantes no descubren. Siguiéndolos, pudimos disfrutar de una cascada, de nombre desconocido, a la cual había que acceder a través de una preciosa subida de unos 200 metros.

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Península Vatnsnes

En la Península Vatsnes es casi obligatorio visitar alguno de los accesos que tiene hacia el mar. En ellos, es muy fácil observar colonias de foca moteada (Phoca vitulina). Nosotros no tuvimos la suerte de observar grandes colonias. Sin embargo, pudimos despacharnos a gusto observando durante largo tiempo varios grupos que, aunque escasas, estaban muy tranquilas y se dejaron fotografiar.

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Pero no solo pudimos observar focas, también un cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis), un precioso arao aliblanco (Cepphus grylle) cazando, algún eider común (Somateria mollissima), varios ejemplares de gaviota sombría (Larus fuscus) y un grupo bien majo de caballo islandés.

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En este punto cabe resaltar que merece mucho la pena bordear esta península entera. Hay muchos miradores y alguna ruta que otra con fácil señalización. Como ya he comentado, existen multitud de paisajes, caminos, etc. a parte de los más comunes, que te permiten pasar momentos preciosos. En esta zona es común que haya niebla, por lo que si viajáis en coche tened mucho cuidado, ya que la visibilidad puede llegar a ser muy reducida; como se aprecia en las fotos.

También hay que tener en cuenta que el tiempo en el norte de Islandia suele ser peor que en el sur, ésta característica se debe a que la Corriente del Golfo, que transporta calor desde el Golfo de Méjico, incide más en la zona sur de la isla.

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Una ciudad que no podéis pasar sin visitar tras dejar atrás la Península Vatnsnes es Akureyri, es la cuarta ciudad más grande del país y allí se encuentra el Instituto Stefansson de Estudios Polares (Stefansson Arctic Institute). Recibe el nombre del explorador polar de principios del siglo XX, Vilhjalmur Stefansson, como cuentan los compañeros de Polar Raid y podéis ver en el siguiente vídeo:

Goðafoss

Otro lugar de visita obligada al norte de la isla es la cascada llamada Goðafoss (en islandés, ‘Cascada de los dioses’). Dicha cascada tiene una caída de unos 12-13 metros de altura y un ancho de, aproximadamente, 30 metros. Hay diversas rutas muy cortas en los alrededores que te permiten ir sin problema alguno a las partes bajas y altas de la cascada para poder apreciarla desde todos los ángulos.

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Húsavík

En esta pequeña localidad al norte de Islandia se alcanzan los 66°N (concretamente 66.05ºN) y, aunque no se superan los 66.33°N  que marcan el Círculo Polar Ártico, se considera que las aguas que la rodean pertenecen al Océano Ártico . Allí es posible salir en alguno de los pocos barcos que tiene el pueblo a avistar ballenas. Las especies que se pueden observar van desde Orcas hasta la Ballena azul (el animal más grande del mundo).

Nosotros pudimos avistar varias ballenas jorobadas bastante cerca, sumergiéndose y mostrándonos la cola. Desgraciadamente, ninguna hizo su famoso “salto” aunque bien es sabido que es bastante difícil de observar, y hay que tener mucha suerte.

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Mývatn

Siguiendo nuestra ruta llegamos a las inmediaciones del lago Mývatn. Allí existen también multitud de rutas por parajes volcánicos, así como la posibilidad de bañarse en alguna de las piscinas públicas de aguas termales naturales. Una hecho digno de mención es que el agua caliente de las emanaciones termales de la isla huele siempre a huevos podridos, es decir, a ácido sulfídrico (H2S).

Pero no solo huelen así las emanaciones que encontramos por los parajes islandeses, también el agua caliente de las casas huele así, ya que aprovechan esa misma agua caliente y la capacidad calorífica del subsuelo para el abastecimiento doméstico. Es decir, si te duchas con agua caliente te estarás duchando con un agradable y permanente olor a huevos podridos. Así que, la próxima vez que veáis fotos de gente bañándose en aguas termales en Islandia recordad que, por mucho que sonrían, no paran de oler a huevo podrido.

En esta región, hicimos una ruta de ascenso al volcán Hverfjall, al cual se le puede dar la vuelta por su parte superior, bordeando la totalidad de su cráter actualmente inactivo.

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Como he destacado al principio, el viaje da para mucho y, con el objetivo de mostraros todo el material gráfico del viaje y explicar numerosos detalles interesantes; he decidido hacer dos publicaciones (y, posiblemente, un vídeo). Espero que os haya gustado el primero y, a los que penséis ir a Islandia, no os perdáis el segundo: Geysers, frailecillos y ¡mucho más!

NOTA: Me gustaría reseñar que los organizadores de “Polar Raid Universitario“, a parte de la Expedición a Islandia, realizan otras 3 expediciones cada año a otros lugares en regiones polares y subpolares: Laponia, Siberia y Patagonia. ¡Por si os interesa animaros!

Pablo Rodríguez Ros

2 Comentarios »

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