La lucha contra el cambio climático tras la victoria de Trump

Estos días se está hablando mucho de la victoria de Donald Trump. Evidentemente lo que pase en EEUU tiene repercusiones sobre el resto del mundo. Sin embargo, tal vez no debamos focalizar el problema en un individuo, ni siquiera en su partido electoral. Sino más bien en parte de la sociedad que tolera que un maníaco megalómano, machista, racista e inculto (si, ahora explicaré por qué) pueda ser su Presidente.

Ni soy analista político, ni me interesa serlo, no me interesa aquella pseudociencia social llamada política que lleva siglos mostrándonos de forma recurrente lo peor del ser humano. Y digo pseudociencia porque es una disciplina que se encarga de introducir la ideología personal del analista de turno como si fuera un dato verídico y mensurable, eso conlleva, por ejemplo, que las encuestas y artículos de opinión de “intelectuales” fallen sin parar.

En general, esto es producto de que nos gusta más soltar palabrería antes que sacar números y cuantificar nuestras afirmaciones empíricamente. Sin embargo, a mi lo que sí me interesa mucho es la ciencia y la percepción social de ella. La ciencia falla, pero es la que de verdad (con el eventual apoyo político) transforma la sociedad y, en última instancia, la realidad que nos envuelve.

Por ello, cuando Ángela Bernardo me contactó desde Hipertextual para dar mi opinión respecto a la victoria de Trump y sus implicaciones en la protección ambiental y la lucha contra el cambio climático, no pude negarme.

Cambio climático

La relación de Trump con ambas cuestiones, no sólo manifiesta su más que evidente mirada cortoplacista (nada de pensar en el planeta que dejamos a las generaciones futuras), sino que refleja la incultura científica supina que “pulula por su cabeza” y, por consiguiente, en parte de la sociedad americana que le ha hecho Presidente electo de los EEUU; convirtiéndole en el hombre más poderoso del mundo. Desde la revista científica Nature ya se han hecho eco de ello, catalogándolo como “el primer presidente anticientífico que han tenido en toda la historia de los EEUU”.

Varias de las promesas electorales de Trump chocan frontalmente con la lucha contra el cambio climático y la protección ambiental: quiere “reindustrializar” a los EEUU y seguir quemando carbón. Por un lado, esto significa traer fábricas y fomentar la minería del carbón, ergo puestos de trabajo (= votos), que se han externalizado en otros países como México o China por las menores regulaciones ambientales (y de derechos humanos, pero eso es otro tema… ¿o no?). Por otro lado, los científicos llevan alertando décadas de que hay que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs).

Teniendo en cuenta estas dos premisas, la línea argumentativa de Trump a este respecto es muy simple: “El cambio climático es un mito (creado por China, como dijo) que no nos conviene porque tenemos ser ambientalmente más sostenibles, lo que conlleva menos puestos de trabajo”; una premisa que es falsa. A su vez, los científicos son “malos” ya que son ellos los quienes, en base a sus investigaciones, instan a los estados y entidades supranacionales a llegar a acuerdos como el Pacto de París.

Que EEUU se echara a un lado en estos acuerdos supondría un paso atrás, posiblemente sin retorno, en la lucha contra el cambio climático. Ya que, si ellos no ratifican este pacto los otros grandes emisores de GEIs, como China o la India, serán mucho más difíciles de convencer, para la reducción de emisiones. Asimismo,  no se trata de un país que brille por sus avances en materia ambiental, uno de los pocos baluartes que tiene es la EPA, cuya existencia también se ve amenazada, ya que Trump quiere eliminarla.

Estamos inmersos en una crisis sistémica, que se manifiesta a través de una crisis económica, que a su vez se nutre de una crisis global de recursos naturales, principalmente al respecto de los combustibles fósiles. Se suele decir que el futuro tiene que ser verde, pero ese futuro está más cerca de lo que parece, es casi un presente. Por tanto, aquellos países que prefieran seguir siendo “negros” en cuanto a las emisiones, lo harán en detrimento de seguir empobreciendo a otros estados, en el deterioro calidad ambiental de la Tierra y, en general, de nuestras posibilidades de supervivencia como especie.

La necesidad de una sociedad informada

Estas últimas décadas, se ha repetido hasta la saciedad que solucionar todos estos problemas depende de nosotros. De lo que no se suele hablar es de cómo mejorar la cultura científica de la sociedad o concienciar de estos problemas. Básicamente se habla mucho del “que hacer”, más que del “cómo hacerlo”. De tirar de pedagogía y paciencia, de hablar con todo el mundo al explicar la ciencia, el cambio climático, etc. Esto es tremendamente difícil y depende de la mayoría de actores sociales.

Vivimos en la era de la desinformación, en la que es más fácil crear un bulo que desmontarlo. Y la victoria de Donald Trump tiene mucho de eso: es mejor mentir, mentir y volver a mentir, aunque luego te lo desmonten. Ya que, una idea o argumento falaz nunca se desmonta del todo, siempre hay un porcentaje de ciudadanos a los que se les queda “grabado”.

Ahora, sigamos hablando, pensando, educando, enseñando y utilizando nuestro ejemplo como herramienta para cambiar algo de la realidad que nos envuelve. Consigamos una sociedad más formada, una sociedad con más cultura científica. Porque una sociedad que puede cuantificar es capaz de determinar cuando la están engañando o no, y quién es capaz de hacer eso es libre.

Pablo Rodríguez Ros

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