Impactos del Cambio Global en los Ecosistemas Antárticos

Vivimos en un planeta finito en el cual nuestras acciones pueden tener impactos no solo localmente, sino también a miles de kilómetros de distancia.

La Antártida es uno de los lugares más remotos de la Tierra y su medio natural es uno de los más prístinos, por no decir el que más. El gran continente helado ha fascinado a gran parte de la humanidad desde hace cientos de años, desde historiadores o exploradores a científicos, que se han aventurado a riesgo de su propia vida en sus bravas aguas y su inhóspito territorio interior.

BIO Hespérides cruzando el Paso de Drake, antes de llegar a la Península Antártica. Imagen: Pablo Rodríguez Ros, 2015.

Esta fascinación por lo desconocido y majestuoso de un lugar de montañas de nieve en tierra y de hielo en el mar (icerbergs), ha rivalizado desde sus orígenes con los intereses económicos y geo-políticos humanos. Sirva de ejemplo, uno de los casos más curiosos que algunos hemos descubierto en nuestra experiencia antártica: el caso de la “Foca de Weddell”. El nombre de este precioso mamífero pinnípedo que habita las aguas polares antárticas guarda un significado bastante perverso. Uno puede pensar, lógicamente, que se llamar así porque reside en las aguas del Mar de Weddell, pero: ¿Quién fue este tal “Weddell”?

James Weddell fue el marino británico descubridor de dicho mar, nombrado así en su honor. Lo significativo es que una de las misiones de este marino era encontrar colonias de focas por toda la región antártica para vender las pieles a la industria peletera. Por lo tanto, no andamos desencaminados si nos aventuramos a decir que la Foca de Weddell lleva el nombre de su descubridor que es, a su vez, su verdugo. Así pues, resulta imposible desligar los intereses antrópicos de la mera comprensión (y admiración) del valor inherente de la naturaleza.

Imégenes: Mar de Weddell. Pablo R. Ros, 2015.

No es de extrañar que todo país que pueda permitírselo tenga sus propias bases polares en la Antártida, ya que el Tratado Antártico estipula que nadie tiene la soberanía del continente; lo cual también puede entenderse como que es “de todos”. Por ello, en el caso de que no se ratificase dicho tratado, todos los países quieren tener un “trocito de Antártida” para poder hacer una reclamación territorial.

Tras muchos años de ciencia y exploración antártica, el continente helado ya no es aquella “Terra Incognita” sin perturbación humana en los orígenes de su descubrimiento en el primer cuarto del siglo XIX. A la caza, sobrepesca, contaminación, etc. hay que sumarle el que sin lugar a dudas será el mayor reto para la humanidad a lo largo del Siglo XXI: El Cambio Global.

El Cambio Climático supone el principal componente del Cambio Global y está producido por el Calentamiento Global, cuyo motor a su vez es el Efecto Invernadero provocado por la emisión de Gases de Efecto Invernadero, como el CO2 o el CH4 (metano). Aunque tampoco pueden desligarse del Cambio Global otros agentes como la contaminación, la destrucción de hábitats o la pérdida de biodiversidad. Bajo esta amalgama de impactos originados por las actividades antrópicas, es de esperar que el medio ambiente de la Antártida no haya escapado a sus nocivos efectos.

Para resumir, podríamos decir que los impactos que recaen sobre los ecosistemas antárticos pueden producirse a como consecuencia de acciones a nivel regional y local (vertidos de petróleo, introducción accidental de especies invasoras, etc.) o global (aumento de temperatura por el calentamiento global, etc.). Es acerca de dichos impactos sobre lo que versa este artículo.

Impactos regionales o locales sobre los ecosistemas marinos

Uno de los principales usos del Océano Austral, llamada así la masa de agua que rodea la Antártida, por parte del ser humano ha consistido en su explotación pesquera. De esta manera, los stocks pesqueros han disminuido a menos de un 20% de los stocks primigenios de principios del siglo XX. Por otro lado, la caza de ballenas por parte principalmente de los países asiáticos como Japón ha tenido un gran impacto y ha suscitado graves conflictos medio ambientales entre este país y organizaciones como la ONU, que hoy en día persisten. La magnitud de la caza de ballenas en el Océano Austral ha sido tal que en las Islas South Georgia, solamente en los últimos 40 años, se ha reducido a la mitad el número de ballenas.

Otro de los impactos locales es el trafico marítimo de la zona, desde buques de investigación oceanográfica hasta helicópteros. Así como, los asentamientos humanos como la base polar americana McMurdo, que tiene capacidad para alrededor de 1200 personas.  Y en este punto no podemos olvidar el tema del turismo, el cual se acerca vertiginosamente a igualar en número de pasajeros a los científicos y científicas (Figura 1).

Otro tema candente en la región antártica es su potencial para la actividad minera. Sin embargo, debido al gran coste logístico y económico, actualmente es un impacto que podemos descartar a corto-medio plazo.

Figura 1. Número de pasajeros en función de su actividad: turismo o científicos. Aronson et al. 2011.

Unos de los principales agentes del cambio global y de los más preocupantes es la contaminación antrópica de los ecosistemas naturales, de la cual la Antártida tampoco se libra. Siendo las estaciones de investigación (bases polares), los buques de investigación oceanográfica, las aguas residuales, experimentos científicos o prospecciones geológicas, las principales fuentes de contaminación (Figura 2).

Figura 2. Derrames de combustible de buques en la Región Antártica. Aronson et al., 2011.

Impactos globales sobre los ecosistemas marinos

Cambiemos de escala. No solamente las actividades humanas que se realizan in situ en el continente helado pueden suponer un problema, también aquellas que se realizan en lugares del planeta muy lejanos pueden afectar a los lugares más remotos.

La destrucción de la capa de ozono ha originado en las últimas décadas que las longitudes de onda de la radiación solar más nocivas para los seres vivos, la radiación ultravioleta tipo A y tipo B (UVA y UVB, respectivamente), lleguen a los ecosistemas marinos y terrestres antárticos. Por ejemplo, estas radiaciones afectan directamente el ADN de las células, por lo que cualquier organismo que carezca de mecanismos de protección (sea unicelular o pluricelular) se verá más o menos afectado, produciéndose eventualmente la muerte celular y/o del individuo.

Otro impacto nada desdeñable viene originado por las actividades humanas y auspiciado por la cercanía del continente helado al americano. Concretamente, la Península Antártica alcanza el punto de la Antártida más cercano a otro continente, así se encuentra relativamente próxima al sur de Chile y Argentina. Esta proximidad geográfica hace que el “salto” propagativo de algunas especies pueda producirse en algún momento originando el asentamiento de especies exógenas.

Un punto crítico a tener en cuenta, en este caso, es que la mayoría de las especies que puedan ser liberadas, por ejemplo, en los lavados de las sentinas de los buques, serían incapaces de sobrevivir en aguas tan frías. Sin embargo, ante un futuro incremento de la temperatura marina y atmosférica este impacto podría alcanzar serias consecuencias. De hecho, en algunas islas subantárticas, como las Kerguelen (Figura 3), ya se han dado casos de aparición de especies de insectos como las moscas. En este caso particular, es debido no solo al aumento de temperatura sino también al descenso en las precipitaciones en la región.

Figura 3. Invasión de las Islas Kerguelen por la mosca Calliphora vicina. Lebouvier et al. 2011.

Y no acaba ahí el riesgo, ya que las especies que residen en el Ártico (ojo, en el Hemisferio Norte) podrían ser potencialmente introducidas en la Antártida y el Océano Antártico, por buques que naveguen en ambas regiones y no se descontaminen correctamente.

Ya que hemos tocado el tema del calentamiento global, sigamos con él. No solo las invasiones son un suceso probable, también las extinciones de especies autóctonas. Si nos fijamos en la Figura 4, podremos apreciar que el rango de tolerancia térmica en los organismos adaptados a aguas polares es muy estrecho, es decir, que ligeras variaciones en la temperatura del agua marina en el Océano Austral son decisivas a la hora de determinar la supervivencia o mortandad de poblaciones de individuos de muchas especies.

Figura 4. Rango de tolerancia térmica de los organismos marinos en función de la latitud. Aronson et al., 2011.

Como bien es sabido, las especies no son independientes unas de otras en un ecosistema. Por lo tanto, la desaparición de una especie puede ocasionar graves trastornos en el correcto funcionamiento de las redes tróficas bentónicas y pelágicas. De esta manera, se conoce que dependiendo de la temperatura anual se producen procesos de sustitución de especies en los ecosistemas pelágicos, como es el caso del krill antártico (Euphausia superba) y la salpa (Sarpa salpa), cuya alternancia anual como especie clave tiene consecuencias muy relevantes en las redes tróficas marinas.

Euphausia superba. Imagen: Pablo Rodríguez Ros.

Sin embargo, el calentamiento global no solo conlleva los efectos nocivos propios de un mero incremento de la temperatura de manera directa. Dicho incremento también puede cambiar las condiciones de vida acuáticas, por ejemplo, facilitando el aumento del derretimiento de algunos glaciares que liberan grandes cantidades de agua dulce directamente en los ecosistemas marinos. En la Figura 5 se puede ver como algunas comunidades marinas bentónicas pueden ser literalmente “barridas” tras estas liberaciones masivas de agua dulce, provenientes del continente.

Figura 5. El antes y el después del deshielo de un glaciar en una comunidad bentónica. Mintenbeck, Katja, et al., 2012.

En conclusión, es vital tener en mente que vivimos en un planeta finito en el cual nuestras acciones pueden tener impactos no solo localmente, sino también a miles de kilómetros de distancia. La complejidad ecosistémica del continente helado es enorme, no hay solo pingüinos y focas, por mucho que en algunos documentales se empeñen en mostrar solo eso. Los investigadores llevan siglos adentrándose en este lugar en los confines del mundo para estudiarlo. Así pues, la Antártida es uno de los lugares del planeta más remotos y que más ajeno ha permanecido al desarrollo humano, en nuestra mano está seguir investigando para comprenderla y conseguir así revelar alguno de los muchos secretos que allí aún aguardan, tanto en tierra como en las aguas que la bañan.

Pablo Rodríguez Ros

Referencias

Aronson, Richard B., et al. “Anthropogenic impacts on marine ecosystems in Antarctica.” Annals of the New York Academy of Sciences 1223.1 (2011): 82-107.

Lebouvier, Marc, et al. “The significance of the sub-Antarctic Kerguelen Islands for the assessment of the vulnerability of native communities to climate change, alien insect invasions and plant viruses.” Biological Invasions 13.5 (2011): 1195-1208.

Mintenbeck, Katja, et al. “Impact of climate change on fishes in complex Antarctic ecosystems.” Advances in Ecological Research 46 (2012): 351-426.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s