Sequías: aprender del pasado

“Todos quedaron conformes y ni siquiera se acordaron de que pudiese volver la sequía”.

Godofredo Daireaux

Ahora mismo, en la Península Ibérica estamos viviendo la sequía más intensa de las últimas décadas, una sequía que sin duda marcará un hito histórico. La sequía es un fenómeno que debería preocuparnos a los habitantes de la Península Ibérica y copar los espacios informativos mucho más de lo que lo hace en la actualidad, pese a que estos días desgraciadamente sí que está llegando a todos los hogares.

Hace unos años, cuando me disponía a finalizar mis estudios en Ciencias Ambientales en la Universidad de Murcia, cambié durante un tiempo el rumbo de mis intereses. Desde los 19 años he colaborado y trabajado siempre en temáticas marinas, ya fuera ecología marina, biología marina, biogeoquímica marina u oceanografía (no, estos conceptos no son sinónimos). Sin embargo, a la hora de realizar mi Proyecto Fin de Carrera quería hacer algo distinto, algo relacionado con el cambio climático. Todo ello, me llevo a realizar dicho Proyecto acerca de cómo podría afectar el cambio climático a los patrones de sequía en la Península Ibérica a lo largo del Siglo XXI. Una oportunidad que me brindaron los profesores Pedro Jiménez y Juan Pedro Montávez del Departamento de Física de la Universidad de Murcia.

Sin embargo, no es de ciencia de lo que pretendo hablar en este post. Aunque bueno, un poco sí, pero esta vez sin explicar resultados ni dar números. Soy una persona bastante curiosa y, a veces, me gusta rizar el rizo demasiado. Eventualmente, el Proyecto acabaría siendo un compendio de varias decenas de páginas de revisión bibliográfica, funciones empíricas ortogonales, gráficas, etc. Vamos una “turra” bien densa. Por ello, en aras de hacer la lectura más llevadera y lanzar algunas perlas de curiosidad por si alguien lo leía (no suele pasar), me puse a buscar (en google como buen millennial) registros literarios, artísticos, etc acerca del fenómeno de la sequía, no solo en la Península sino por el mundo. De esta manera, encontré varias cosas interesantes que son las que aquí os quiero mostrar.

“Rogativas Pro Pluvia”

La primera de ellas fueron las “Rogativas Pro Pluvia“. Basicamente, consistían en que cuando no llovía y la sequía mermaba las cosechas, se rezaba desde las iglesias, por demanda de los feligreses o de los políticos, para que lloviera. Como consecuencia, esto dejaba un registro en las actas de la iglesia que durante años se fueron acumulando. En los últimos años, muchos investigadores de distintas cuencas hidrográficas españolas se han dedicado a recuperar estos registros históricos, que se remontan varios siglos hacia el pasado, con el objetivo de poder tener datos cualitativos acerca de la sequía. Aquí os muestro un par de ejemplos.

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Encabezado de carta y datos relativos a observaciones meteorológicas obtenidas en Lisboa en octubre de 1724. Fuente: El Tiempo.
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Fragmento de una rogativa pro-pluvia disponible en el Archivo Capitular de la Catedral de Toledo. Fuente: El Tiempo.

Rezar tal vez no valga para nada, menos aún para que llueva, pero en este caso dichos rezos han ayudado a realizar una labor científica incuestionable. De hecho, si buscamos en la biblia, se pueden encontrar pasajes que hablan de la sequía de los que se desprende el miedo que este fenómeno infundaba.

Hageo 1:11, Antiguo Testamento
Y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los montes, y sobre el trigo, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre todo lo que la tierra produce, y sobre los hombres y sobre el ganado, y sobre todo trabajo de manos.

Colapso de civilizaciones

Algo menos halagüeño fue encontrar numerosos ejemplo de civilizaciones antiguas que de una manera u otra, colapsaron por los efectos directos e indirectos producidos por las sequías. No solo la capacidad de resistencia o resiliencia ante estos fenómenos, sino la capacidad de adaptación, prevencion y mitigación de los efectos de una sociedad ante fenómenos de este tipo ha resultado, y resulta, esencial para luchar contra ellos. La pérdida de una de estas batallas ha ocasionado a lo largo de la historia eventos devastadores. Sirva como ejemplo el siguiente.

El primer artículo me llamó la atención en ese momento fue este publicado en Geophysical Research Letters en 2012: “Evidence of ENSO mega-drought triggered collapse of prehistory Aboriginal society in northwest Australia“. Que podría traducirse como “Evidencia de una mega sequía asociada a El Niño que desencadenó el colapso de una sociedad aborigen prehistórica en el Noroeste Australiano“. En dicho artículo, se recogen también algunas pinturas prehistóricas de cuya interpretación se deduce que los autores estaban narrando lo que sucedía en aquellos momentos mientras padecían la sequía.

Screenshot from 2017-11-26 13:00:20
Gwion/Bradshaw rock paintings. Fuente: AGU.

A modo de sintésis, os dejo aquí un par de las principales conclusiones del estudio para que seáis conscientes de la magnitud de la tragedia que hubo (y que podría volver a pasar):

La razón más probable que motivó a los artistas de Gwion fue una mega sequía propiciada por unas condiciones de cambio climático que causaron el colapso del monzón australiano estival (época de lluvias)“.

Esto confirma que las culturas aborígenes prehistóricas experimentaton una sequía catastrófica debida a un cambio climático natural rápido, y los recursos hídricos actuales aportados por las lluvias estivales podrían fallar de nuevo si un cambio climático significativo llegase a ocurrir“.

Una fábula y una reflexión

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Godofredo Daireaux

Por último, me gutaría enseñaros lo que más me gustó de los documentos que encontré: una fábula acerca de la sequía. Su autor, el argentino Godofredo Daireuax, fue un ganadero, agricultor, docente, funcionario público, escritor, mecenas de artistas y crítico de arte.

Aquí os transcribo la fábula completa. En ella se evocan muchos aspectos interesantes relacionados con la sequía que van desde la política hasta la ingeniería y la naturaleza.

 

La sequía

Godofredo Daireaux

Los cañadones y las lagunas estaban resecos; los arroyos se cortaban y las vertientes habían bajado tanto que ya difícilmente se podía sacar agua de los jagüeyes. Era de toda necesidad que algo se hiciera para salvar la situación: establecer represas, cavar pozos surgentes, regularizar el curso de los arroyos, poner en práctica por fin todas las buenas ideas que inspiran las apremiantes necesidades; de otro modo, se morirían todas las haciendas de la región.

Hubo un meeting y se decidió que una diputación fuera a interpelar al gobierno para increparle su desidia e impelerlo a que tomase inmediatamente las medidas que el caso requería. Pero mientras aprontaban sus discursos los comisionados, empezó a llover, y llovió a cántaros; ¡llovió! pero ¡qué llover!… Y, cuando se presentó la comisión, la recibió el ministro de Lagunas y Jagüeyes, entre burlón y orgulloso. Habló con elocuencia de las medidas enérgicas que hubiera tomado si la sequía hubiese seguido; casi habló de la lluvia como de una de ellas; y con derramar flores de retórica sobre las campiñas verdes, cubiertas ya de pasto renaciente, logró una ovación triunfante. Todos quedaron conformes y ni siquiera se acordaron de que pudiese volver la sequía.

Como he intentado plasmar aquí, razones históricas para adaptarnos, preparanos y mitigar los efectos de las sequías, no faltan. En el presente, conocemos perfectamente los posibles efectos tan devastadores de la misma sobre sectores tan estratégicos como la agricultura o la industria, o la gestión de los recursos hídricos.

No podemos olvidar, que las sequías son fenómenos que poseen un carácter cíclico que pueden verse acelerados en intensidad y frecuencia por el cambio climático, tal y como apuntan los informes del IPCC (y nosotros lo contamos en Super Science Me). También nuestro amigo Godofredo lo incluía como moraleja en su fábula “Todos quedaron conformes y ni siquiera se acordaron de que pudiese volver la sequía“, es equivalente a el ya muy manido “el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Cuando esta sequía acabe, porque acabará, acordémonos que volverá. No sigamos tropezando con la misma piedra, adaptémonos y luchemos conta la sequía y el cambio climático. Pero más importante aún, hagámoslo todos juntos como ciudadanos. Estemos preparados.

Pablo Rodríguez Ros

26 de noviembre de 2017, Barcelona

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