BIOGAPS, una expedición al corazón del océano Pacífico

El grupo de investigación en Biogeoquímica Marina y Cambio Global del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (ICM-CSIC) organiza la expedición científica a la isla de Moorea como elemento principal del Proyecto de investigación BIOGAPS financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, y liderado por el Dr. Rafel Simó.

¿Qué nos vamos a hacer ciencia a una isla?” Esta fue la primera pregunta que me pasó por la cabeza cuando mi director de doctorado, Rafel Simó, nos explicó que por fin nos habían concedido el Proyecto de investigación BIOGAPS (Gases traza biogénicos y sus procesos en el mar superficial) para poder realizar una expedición científica a Tahití, concretamente a la isla de Moorea. Una pregunta motivada por el hecho de que las expediciones en las que he participado a lo largo de mi doctorado han sido siempre a bordo de algún buque de investigación oceanográfica. Sin embargo, esta vez toca tierra firme.

La preparación de estas expediciones es muy compleja, como os podéis imaginar. Desplazar personal científico e instrumentación y material a miles de kilómetros de tu lugar de trabajo suele ser una tarea titánica que consume mucho tiempo. Los problemas, aunque ahora sea más guay llamarlos “retos”, surgen sin cesar y adquieren formas de lo más variopintas.

Preparando el material

Lo primero a tener en cuenta, cuando preparas el material, es que cada lugar al que vas tiene una idiosincrasia particular a nivel legislativo. No es lo mismo ir de expedición a la Antártida, que realizarla en el Mediterráneo o el Pacífico. Al fin y al cabo, la geopolítica siempre es un factor trasversal a considerar en nuestro trabajo, por mucho que la mayoría de nosotros entendamos la ciencia como una entidad sin fronteras. Pero ahí están, constructos mentales centenarios transformados en límites políticos que desencadenan leyes y trámites burocráticos. En la oceanografía española, actualmente, es más probable que te ahogue el papeleo que ahogarse trabajando en alta mar.

Por otro lado, a la hora de enviar el material hay que tener muy claro qué hace falta y qué no. Especialmente en ocasiones como esta, en que hemos tenido que enviarlo todo en avión y el precio era muy elevado. El material iba super compactado en las cajas y baúles, como si de un “tetris” se tratase. A la hora de prepararlo todo para enviarlo en avión, los bultos no debían de superar 1,60 metros de altura, por lo que nos pasamos un día entero midiendo bultos y preparando los palets adecuadamente. Esperemos que no falte de nada, pues los recursos de la isla serán bastante escasos.

BIOGAPS en la isla de Moorea

El equipo científico desplazado a Moorea con el objetivo de participar en el proyecto BIOGAPS, liderado por Rafel Simó, se compone de seis integrantes procedentes del ICM-CSIC, así como investigadores de la University of New York Syracusse (Estados Unidos), Universität Wien (Austria) y University of Technology Sydney (Australia). Salta a la vista que se trata de un equipo internacional, algo esencial en la ciencia moderna y, sobre todo, en las ciencias del mar para las que, aún en el pasado, aunar fuerzas y recursos para conseguir objetivos científicos ha sido esencial.

Con respecto a nuestra ubicación, el océano Pacífico es el más grande del planeta, si pensásemos en distintos océanos. Aunque, en realidad, no son más que uno muy grande cuyas prolongaciones y ramificaciones imbrincadas con la superficie emergida de la tierra presentan diferencias en algunas de sus propiedades. Los océanos, como los estados, tienen mucho de constructo mental. Volviendo a la “enormidad” del Pacífico, se dice que si cogiésemos todos los continentes del planeta y los pusiéramos dentro del mismo, aún sobraría espacio. Entre esta enormidad, y tras cerca de 29 horas de viaje con origen en Barcelona, nos hayamos los científicos con el objetivo de investigar cuál es el papel de los corales en la producción y emisión de gases traza de importancia para el clima.

Primeras impresiones

Llegamos a la isla el pasado 30 de marzo y estos primeros días hemos tenido tiempo de hacer un poco de turismo y poder apreciar la naturaleza de la isla. Enormes montañas escarpadas de roca volcánica cubiertas por una frondosa vegetación tropical y arrecifes de coral llenos de vida, nos han recibido con toda su belleza (en próximos posts, os contaremos más detalles). Por el momento, lo fundamental es que la instrumentación ha llegado perfecta a la isla y durante estos primeros días estaremos montando el laboratorio en la base de investigación estadounidense GUMP Station que nos acogerá hasta el próximo 30 de abril. Además, debemos instalar los instrumentos necesarios en el barco que utilizaremos para trabajar por el arrecife de coral.

El proyecto BIOGAPS ya está en marcha…

Pablo Rodríguez Ros

Moorea, Polinesia Francesa

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