Cráteres, corales y ciencia en la isla de Moorea

Nuestra primera semana en la isla de Moorea ha transcurrido con normalidad. Bueno, con toda la normalidad que pueda conllevar el traslado de todo el equipo de investigación a la otra punta del mundo, su posterior montaje y, finalmente, asegurarse de que todo funciona. Entre tanto, Moorea nos ha recibido con toda su belleza, ofreciéndonos desde espectaculares cráteres y cascadas, hasta el primer muestreo en barco por los arrecifes de coral de la isla.

Una de las cosas más sorprendente de la isla es que es un volcán y esta íntegramente compuesta por roca volcánica. Desde lejos se aprecian altas montañas y da la sensación de que ocupan el centro de la isla, como puede ocurrir con el Teide, en la isla de Tenerife. Sin embargo, el centro de la isla es un enorme cráter cuya altitud es menor que la de los picos que la rodean y desde el cual se pueden apreciar todos los majestuosos picos a su alrededor.

Primeras impresiones

Estos primeros días hemos tenido bastante tiempo de esparcimiento, pues aún no podíamos empezar a trabajar, por lo que ha sido un auténtico privilegio poder disfrutar tranquilamente de la cultura y de algunos de los parajes que esconde esta isla.

La gastronomía de Moorea ha sido una de las cosas que más nos han llamado la atención. Básicamente, consiste en fruta y pescado o, mejor dicho, mucha fruta y mucho pescado, cocinados de todas las maneras que pueda uno imaginarse. Por ejemplo, hemos podido degustar una cena típica elaborada en hornos tradicionales que consisten en grandes agujeros en el suelo en los que la comida se cocina lentamente. Así, probamos un nutrido compendio de diferentes vegetales como plátano o mandioca, y carnes como pescado y pollo. También hemos probado una especie de alga comestible de la zona con lima que, para nuestra sorpresa, estaba bastante buena.

Explorando la selva tropical

Estos días hemos realizado varias rutas por la selva tropical que gobierna la isla y hemos podido apreciar un hecho curioso: la fauna es muy escasa. Los procesos de colonización de seres vivos entre islas han sido uno de los fenómenos más estudiados por los ecólogos durante el siglo XX. Intentaré explicarlo de manera breve y simple, aunque es algo muy complejo. Lo que hemos aprendido de todas estas investigaciones es que cuando se crea una isla por acción volcánica los organismos que van llegando, al principio, suelen ser los menos “complejos” y más adaptables a las situaciones extremas. Posteriormente, van llegando otros que conformaran un ecosistema en el cual se irán introduciendo lentamente organismos más complejos, como mamíferos, ya que necesitan otros seres de los que alimentarse y no pueden vivir de la fotosíntesis.

La biogeografía insular de islas en el Pacífico nos indica que el archipiélago de Tahiti fue una de las zonas a las que más tarde llegó la colonización de organismos, debido principalmente a su lejanía con respecto a islas más grandes como Nueva Zelanda o Australia, o al continente americano. Esto origina una cosa muy curiosa: estamos en una isla con una vegetación propia de la selva tropical pero no hay animales como monos o jaguares, como pudiera creerse. En tierra firme, solo hay muchos insectos, salamanquesas, unas pequeñas lagartijas de cola azulada (todavía no sé la especie, os la diré en cuanto lo confirme), pollos y perros salvajes.

Esto conlleva otra consecuencia. Suele decirse que algunas zonas del océano tienen todas las tonalidades del color azul, y algo similar sucede en Moorea con el verde, uno puede encontrarse aquí con todos sus tonos con solo sacar la cabeza del agua.

El laboratorio en GUMP Station

Ahora, el laboratorio ya está montado y hemos podido realizar el primer muestreo en barco por el arrecife. Muestrear, como su propio nombre indica, significa coger muestras para su análisis científico. La rutina de muestreo consiste en salir con el barco con algunos instrumentos que nos ayudan a medir distintas propiedades del ecosistema marino, así como bidones, frascos o botellas, para recolectar agua que posteriormente será analizada en el laboratorio.

El equipo de muestreo del Proyecto de investigación BIOGAPS (Gases traza biogénicos y sus procesos en el mar superficial) se compone de 6 investigadores, encargados de realizar, individualmente o en equipo, las tareas de muestreo. Así, yo me encargo de manejar una serie de sensores que miden la concentración de clorofila o las partículas en suspensión en la atmósfera. Otros investigadores se encargan de recolectar agua, o medir los parámetros meteorológicos, etc. Como os podéis imaginar, es un frenesí de trabajo en un espacio muy pequeño, ya que el barco apenas mide 7 metros de eslora (recordemos que el BIO Hespérides tiene unos 80 metros de eslora y el Akademik Treshnikov, en el que participamos en ACE – Expedición de Circunnavegación Antártica, consta de unos 135 metros).

“Las estaciones de muestreo”

Nuestro objetivo es comprender qué papel juegan los arrecifes de coral en la producción y el reciclado de gases traza. Estos gases cuando salen a la atmósfera son muy importantes para el clima, por lo que, no solo es interesante ver que pasa con el famoso CO2 sino también con otros gases como el DMS o el Isopreno.

Para ver qué papel tienen los arrecifes en estos procesos lo que necesitamos es medir estos gases y otros parámetros ambientales, biológicos y físico-químicos, no solo en los propios arrecifes, sino también antes del arrecife y después del mismo. Esto implica que realizamos distintas paradas que nosotros llamamos “estaciones de muestreo”.

Una de las “estaciones de muestreo” es el ‘lagoon’, la laguna, que se encuentra antes del arrecife y suele ser un sistema de fondos arenosos con parches de corales. Luego medimos en la zona de la laguna más cercana al arrecife. A continuación, medimos en el arrecife, para después hacerlo al pasar el arrecife (en esta zona es donde rompen las olas) y alejarnos seguidamente mar adentro hasta que tenemos unas profundidades de varios cientos de metros y también muestreamos allí.

Lo que pretendemos, por tanto, es ver si existe un gradiente de producción de estos gases traza desde lo más cercano a la orilla (el ‘lagoon’) hasta el mar abierto, pasando por el arrecife. Tenemos muchas hipótesis de partida y una de ellas es que no todos los gases se producen de manera muy intensa en los arrecifes, sino que algunos son más elevados en el ‘lagoon’ o en mar abierto. De momento, solo conjeturas.

Todo esto para contaros que este muestreo ha ido bastante bien. Teniendo en cuenta que el primero siempre es un test, se aprende de los errores y se intenta mejorar para los siguientes. De esta manera, no se pierden valiosos datos o, mejor dicho, solo los pierdes una vez.

El ambiente de trabajo, por otro lado, es genial. Ya estamos casi todos los investigadores a falta de que lleguen los australianos que estudiarán la quimiotaxis–reacción de orientación de los organismos celulares libres como respuesta a un estímulo químico– en corales. Ya subiré algún vídeo en el que os contaremos la ciencia que se hace en el laboratorio vara que podáis ver nuestro día a día desde Moorea.

Última parada: Bungalows y Teitaroa

Otra cosa que os quería enseñar son nuestras casas. Nos alojamos en una serie de bungalows situados en la ladera superior a la estación de investigación, totalmente rodeados de vegetación. Al estar en una zona elevada, podemos ver el mar y los arrecifes en los que trabajamos. Si no fuera por el calor y los mosquitos, las terrazas serían un auténtico paraíso.

Bungalows Moorea
Bungalows situados en la ladera superior a la estación de investigación GUMP Station, isla de Moorea.

Lo último que os quería contar es que nos ha surgido una oportunidad increíble. Hemos venido unos días a trabajar al atolón de Teitaroa, una remota isla al norte de Tahiti que tiene una laguna de agua dulce en su interior. En ella se ubican varias casas y un pequeño complejo turístico asociado a una fundación de conservación e investigación marina. Ya os contaré con más detalle a la vuelta.

Moorea
Isla de Moorea.

Os tengo que dejar que empezamos a trabajar muy pronto. Os seguiremos contando cómo avanza el proyecto desde estos parajes teñidos de todas las tonalidades de azul… Y de verde.

Pablo Rodríguez Ros

Moorea, Polinesia Francesa

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2 comentarios en “Cráteres, corales y ciencia en la isla de Moorea

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